Garage Digital
Garage digital 10: Sistemas de aparatos
Garage digital 10: Sistemas de aparatos
Hace poco más de una década, el escritor Mario Bellatin concluía una novela con la frase “Enviado desde mi iPhone”. Como quien no configuraba su firma por desconocimiento, como quien dejaba la frase reproducirse para presumir su compra. Sembradas al final de la ficción, esas palabras hacían pensar de pronto en los soportes de la escritura. Luego supe, por una entrevista, que el autor escribía con frecuencia desde su teléfono o desde su tableta, con una pluma para estos dispositivos que a veces manipulaba con la boca, y así podía escribir en el parque, paseando a sus perros o en sus viajes en Uber. Escribir con la boca; no hablar sino escribir. Los aparatos, el cuerpo y una sensibilidad en cada forma de hacer.
Cuando me invitaron a curar Garage digital en la edición 10 de Trámite, un reflejo fue preguntar por qué yo, que no me especializo en arte digital. La respuesta aludía a una necesaria diversidad de miradas de los curadores invitados y a su interés por la mía. En este sentido, quiero nombrar el nudo de inquietudes con las que habité el proceso y que orientaron la selección para la muestra: las relaciones entre los sistemas de aparatos, las experiencias que modelan y al centro, siempre, el cuerpo.
Ante la pregunta acerca de los medios y los soportes específicos, me interesa qué pueden hacer, qué visualidades nos permiten modelar, qué dicen acerca nuestro. Y de este inmenso campo de preguntas, atravesado por interrogaciones sobre lo técnico, lo específico de cada medio, me interesan aproximaciones como la benjaminiana que revisa cómo los diferentes sistemas de aparatos modelan nuestra sensibilidad, o bien, la de Martin Jay que plantea cómo los modos de ver y percibir el mundo en una época están permeados por las mediaciones tecnológicas.
Así, ese escribir con la boca de Bellatin me lleva lo mismo a ese personaje de Proust que en la novelita Celos de 1921 ya describía la sensación de angustia de esperar a que sonara el teléfono y a aquellos artistas que habitan los medios digitales con los ojos de quien ha aprendido primero a pintar y a grabar, o a quien regresa a la pintura después de una serie de experiencias con las pantallas táctiles. Hablar de la manera en que los sistemas de aparatos modelan la sensibilidad, para mí implica pensar en sus relaciones con los cuerpos: cómo éstos los construyen, los utilizan, qué interacciones les permiten, qué efectos les producen.
La muestra, por tanto, reúne prácticas artísticas diversas que, orientadas por un pensamiento digital, vuelven a otras materialidades, interacciones y corporalidades. Desde el fotoglitch que recuerda la angustia de enamorarse a través de las redes, hasta el cursor o el gif analógicos que habitan un paisaje reimaginado, o las representaciones del deseo y la autopercepción afectados por lo digital; desde la inteligencia artificial que evidencia el raciclasismo con el que ha sido programada, hasta el uso de un refinado sistema que registra y analiza nuestros movimientos durante el baile, pero quién sabe el goce. De las obras generativas que responden a la presencia de los cuerpos, a las expresiones analógicas de la gráfica permeadas por una imaginación digital. Luego de un par de décadas en que lo digital ha mediado la mayor parte de nuestras relaciones, esta selección se pregunta sobre las maneras poco ingenuas en que habitamos ese entorno y los modos en que seguimos encontrando una enorme potencia en el encuentro.