REGRESAR

Garage Michoacán

El Garage Michoacán: Memoria, cuerpo y territorio desde las entrañas del presente.

El Garage Michoacán: Memoria, cuerpo y territorio desde las entrañas del presente.
por olgaMargarita dávila

Pensar en Michoacán más allá del constructo socio-geopolítico y de la normatividad
identitaria, me parece que implica desplazar la mirada hacia los márgenes de lo íntimo,
hacia los entramados invisibles que atan a los cuerpos con los usos, las costumbres y las
urgencias de un territorio. Como curadora de esta sección, El Garage Michoacán, mi
interés no residía en agotar/duplicar/continuar con una postal de los hitos folkloristas del
territorio, sino en reconocer una constante de conexión profunda entre las participantes y
ese, su espacio habitado. Si bien muchas de ellas convergen en momentos y cruces críticos
de nuestra realidad social, fue la fuerza de unión de este grupo de mujeres —creadoras que
oscilan entre los 24 y 32 años— lo que me ofreció el terreno perfecto para articular un
discurso profundamente contemporáneo.

Las piezas que conforman esta selección abren sus propias coordenadas teóricas y
estéticas partiendo de un eje rector ineludible: Plantearse el hoy con la conciencia de la
memoria del cuerpo y de la cicatriz. Esta triada opera simultáneamente desde tres
dimensiones: como condición de género —aquello que atraviesa, vulnera y marca
históricamente a las mujeres—, como un territorio específico llamado Michoacán, y como un
eco planetario que resuena en las crisis del mundo actual.

La arqueología de lo íntimo: Karin y los huecos de la memoria

Esta exploración de la memoria, el cuerpo y la cicatriz encuentra una materialidad
conmovedora en la obra de Karin. Su trabajo con la cerámica trasciende lo escultórico
convencional para volverse traslúcido, casi frágil, empleando imprimaturas de prendas y
fotografías impresas directamente sobre la materia. Sus objetos adoptan formas de cajones
y cajas, evocando el gesto de abrir huecos en la memoria social y personal. Cada pieza
funciona como un archivo táctil de ese complejo sentido de ser mujer, donde el pasado no
se archiva de forma pasiva, sino que se expone a la luz para revelar sus fisuras, sus vacíos
y sus marcas.

Amira Tame: Ironía frente a la norma

Por su parte, Amira Tame aborda la normatividad corporal con una ironía necesaria. A
través de la parafernalia del gimnasio, Tame disecciona las deformidades del cuerpo
heteronormado. Mediante medallas de cerámica que emulan la cultura del rap y la estética
de barrio —sustituyendo el trofeo tradicional por enunciados satíricos como "mis enemigos
me adoran en secreto"— y figuras de cerámica con cabezas diminutas con cuerpos
hipertrofiados; la artista nos señala cómo la materia a menudo sobrepone su rigidez al
pensamiento, evidenciando nuestra sumisión voluntaria a los estereotipos de belleza,
fortaleza y rigidez corporal.

El revés de la tradición: Andú y las estructuras de la dominación

En esa misma línea de tránsito —de la memoria hacia la urgencia del presente— se inserta
la propuesta de Andú. Como cuerpo social, la artista interviene y subvierte el constructo
tradicional de las mujeres en la Escaramuza Charra. A partir del análisis minucioso del
vestido, las enaguas y la entretela —lo que yace oculto bajo la superficie visible de la
charrería—, Andú trabaja con la manta y el almidón para erigir una instalación de fuerte
carga política. Su obra cuestiona de manera frontal los binomios de poder: ¿quién es el
dominado y quién ejerce la dominación?, ¿quién manipula a qué estructuras y quiénes son
los cuerpos instrumentalizados por la tradición?

Yosneidy: La afectividad en el Antropoceno

A este diálogo se suma Yosneidy, quien nos invita a la imaginación activa, en una
arqueología del futuro. Tomando como base el hallazgo geológico en Kamilo Hawái —donde
nuevas formaciones de rocas compuestas por materiales orgánicos, marinos y plásticos, se
han fusionado para crear una nueva formación material—, Yosneidy plantea una mirada
crítica al Capitaloceno a través de la conciencia de la afectividad encarnada, en la que están
unidos los tres centros principales del cuerpo: la cabeza (razón), el corazón (emoción) y el
sistema digestivo (intuición o instinto). Su instalación, creada con sonido, video, animación y
el uso de postmateriales, presenta placas de alabastro y ónix intervenidas con desechos
tecnológicos e imprimaturas gráficas. Esta pieza funciona como una metáfora sobre la unión
de lo orgánico y lo sintético, donde la "cicatriz del presente" se convierte en un organismo,
un cuerpo híbrido que se adapta a las nuevas condiciones del planeta.

Una alteridad frente a la convención: la deconstrucción del presente

El objetivo fundamental de El Garage Michoacán es detonar e insertar preguntas que
nacen directamente del tejido cultural y territorial de la región. En este contexto, la curaduría
opera como un dispositivo de visibilización ante las operaciones de deconstrucción del
presente que estas artistas ejecutan con rigor. La muestra plantea el uso de los materiales
desde una óptica de transducción, entendida como el proceso mediante el cual una vivencia
o una afectación psicosomática se traduce y encarna en la materia. Así, a través de
soportes tan diversos que van del barro al almidón, y de la cerámica a los microcircuitos, las
piezas confrontan los modos en que habitamos la época actual. Esta revisión material
puede responder a las crisis que atraviesan nuestra experiencia contemporánea: la
condición póstuma y la fragilidad del mundo que analiza Marina Garcés —caracterizada por
un presente sin certezas ni estructuras fijas donde la vulnerabilidad se vuelve constante—,
el dolor psíquico por el colapso de los ecosistemas y la necesidad de seguir con el problema
que teoriza Donna Haraway ante la devastación del planeta, y las huellas radicales que el
Antropoceno y el Tecnóceno imprimen sobre el cuerpo y la tierra.

En este conjunto de obras me interesa dialogar/observar y que pensemos junt@s sobre
cómo la aceleración somática del capitalismo no solo agota nuestros cuerpos, sino que,
de manera paradójica, abre fisuras que permiten estas nuevas posibilidades de creación.

Las artistas aquí reunidas operan desde una alteridad de miradas que se resiste a la
convención. Frente a la estandarización impuesta, ellas proponen una cartografía de lo
sensible, donde el cuerpo no es objeto de consumo, sino un terreno de re-existencia que, al
articularse con la memoria y la materia, transforma su entorno y lo libera de sus ataduras. El
Garage Michoacán es, en última instancia, la puesta en escena de esa capacidad
insurgente: la de mirar el territorio no como un destino dado, sino como un campo de juego
abierto a una reconfiguración constante.